Opinión

Mejor que el Silencio: Los números no dicen nada

Por: Diego Mendoza | 27 DE JULIO, 2021


El virus SARS-CoV-2 vino a mover al mundo, eso es innegable, ha sido inclemente; las cifras continúan avanzando, hospitales se siguen colapsando, en panteones se siguen cavando fosas y la COVID-19, no para.
Más de 194 millones de contagios, cerca de cuatro mil millones de vacunas aplicadas, cuatro millones de muertos en el mundo, las cifras no nos dicen nada, no hablan, son frías, mientras que el humano es de sangre caliente por naturaleza, ¿Cómo hacer caso a algo que es diferente a nosotros? Nos hablan de “tomar” distancia cuando la cercanía con los nuestros es lo que nos motiva día a día.

Doña María duró más de seis meses sin ver a sus nietos; Jorgito tiene dos años que no ve a sus compañeros de escuela, todos han crecido y para el próximo ciclo escolar estarán todos dispersos; Arturo tuvo que cerrar su negocio, ese que con tanto esfuerzo logró abrir después de 10 años de ahorrar y planear, este año sería su primer aniversario.

Armando viajó desde el otro lado del estado para conseguir un buen trabajo y hoy está en la calle pues no tiene para pagar la renta; Don Porfirio es detenido y escoltado por la guardia nacional, para que deje de vender verdura en la Plaza Principal, lo invitan a vacunarse para que no se vaya a contagiar; Don Gustavo ya no se puede poner en los portales y dar bola a la gente que pasa por el lugar; en las calles se encuentra Martín acompañado de su guitarra para una moneda ganar.

Cristian duró 3 años estudiando medicina en la Universidad, ahora realiza sus prácticas y teme por su bienestar; Karen perdió a su madre que cuidaba intubados en el hospital, las medidas eran las “suficientes” pero no pudo con la carga viral.

Citlali soñaba con su graduación, sería espectacular, pero la tuvo que cambiar por una video llamada en la sala de su hogar; Augusto impartía clases con una única herramienta, el whatsapp de su celular; Paco sepultó a sus dos padres a principio de año, de ninguno se pudo despedir, ahora el miedo le inunda, ya no quiere ni salir.

Alejandro se ha vuelto paranoico, dice que no sale sin cubrebocas, guantes o gel antibacterial, a diferencia de Renata que lamenta que no abran su bar favorito, dice que el virus no existe y que solo nos buscan con el miedo “controlar”; Esther intenta convencerla de que todo es real, ella estuvo infectada y apenas la pudo librar.

Fernanda fue de visita con sus tíos, nunca pensó que su hija de cuatro meses se fuera enfermar; Marisol tuvo su fiesta de XV años, pero el costo fue fatal, 8 miembros de su familia se contagiaron dos de ellos se encuentran graves.

Doña Chepina lleva dos meses internada, no ha podido mejorar, le acaban de dar la noticia de que su viejito se encuentra igual, pero en otro hospital, la incertidumbre crece, no saben si se volverán a ver; por otro lado, Monse asiste cada fin a fiestas “clandestinas”, en una de ellas conoció a José Luis, ambos estaban contagiados, no lo sabían, hasta que Monse dejó de ir, José Luis llamó a su casa y sus padres le contaron que ella acaba de morir.

A Jazmín la acaban de diagnosticar, tiene miedo de ser hospitalizada, escapa de la capital se sube a un autobús directo a otra ciudad, los 35 pasajeros no tienen la culpa de su irresponsabilidad, no saben que corren peligro; Felipe sigue sin creer y paró en un hotel cerca del mar, hasta que de pronto se le dificultó respirar, llegaron paramédicos y descubrieron que poseía la enfermedad, ¿Se imaginan al resto de los huéspedes con los que Felipe convivió? Vaya sorpresa que se llevarán.

A Raúl, lo despidieron de su trabajo, su mujer le reclama, ¿Ahora que vamos a comer? El desempleo ha aumentado, la desesperación por igual, Raúl piensa que con golpes a Raquel lo puede solucionar, sus hijos escondidos en el cuarto escuchan la golpiza que le dan a su mamá, los vecinos no hacen nada, a Raquel le da miedo denunciar.

Historias como estas se repiten en cualquier lugar, algunas con finales distintos, unos más nefastos que otros; los números no dicen nada, no causan empatía, pero las historias que ellos esconden nos dicen mucho más, hablan de sueños rotos, frustraciones, estrés, paranoia, incredulidad; la realidad muchas veces es más cruda que una cifra posteada en el muro de una red social.


 

 


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