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Los bienes culturales de la iglesia virreinal: caudal infinito de belleza.

He querido escribir algo al respecto, más que nada, como una invitación no solo a la lectura del capítulo, sino a una posible contemplación “en vivo” y, en el caso de las artes arquitectónicas y pictóricas, a una contemplación in situ.

Los bienes culturales de la iglesia virreinal: caudal infinito de belleza.
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Julio Alejo
5 de agosto de 2021 · 12:34 a.m. · 5 min de lectura

Desde la primera vez que leí la Historia de la Iglesia en México de mi hermano Manuel —haciendo una revisión previa a su publicación póstuma— el capítulo que más me gustó fue el que dedica a los bienes culturales de la iglesia virreinal, el cual, por cierto, subtitula como “caudal infinito de belleza”.

Y, desde aquel día, he querido escribir algo al respecto, más que nada, como una invitación no solo a la lectura del capítulo, sino a una posible contemplación “en vivo” y, en el caso de las artes arquitectónicas y pictóricas, a una contemplación in situ.

Pues bien, en esta coyuntura del tercer aniversario de la pascua de Manuel y en este espacio que se me ha abierto en El Meridiano, parece haber llegado la hora para que ese proyecto se haga realidad en unas cuantas palabras.

En poco menos de cincuenta páginas se transita por la arquitectura, la pintura y la literatura virreinales en un amplio espacio geográfico que delimita, al norte, con el Santuario dedicado al Señor de Esquipulas en Chimayó, Nuevo México y, al sur, con el Santuario del Cristo negro sito en Guatemala, cerca de la frontera con Honduras.

En el ámbito arquitectónico —o dicho más bellamente, en relación “al cantar de la piedra”— Manuel se deleita y deleita, describiendo el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, Guanajuato, en el que “el color triunfó sobre el gris y la exuberancia sobre la aridez”.

Haciendo alusión a un texto en que este santuario es calificado como “caos arquitectónico”, Manuel escribe y describe lo siguiente: “es una geografía mística la que marca las dimensiones de los espacios ‘caóticos’, ajenos a proporciones geométricas habituales, pues quieren reproducir las medidas de los de la Tierra Santa, Belén, Nazaret, Jerusalén. Así, por ejemplo, la capilla de Belén tiene las dimensiones de la Cueva que con una estrella a su ingreso está en ese lugar de Palestina, la del Calvario mide como el espacio correspondiente en el templo del Santo Sepulcro en Jerusalén, la de Loreto, común en los templos jesuitas, es como de la "Santa Casa" trasladada, según el relato medieval, de Nazaret a Loreto en Italia”. Llama la atención a quien entra a este lugar, que no haya ni un solo milímetro de las paredes interiores que no esté pintado, al grado que se le ha calificado como "la Capilla Sixtina mexicana" o, antes, como "la octava maravilla del obispado de Michoacán".

En su recorrido por la pintura virreinal, que genera el “enlace entre la imagen y la palabra, entre el cielo y la tierra”, cuyos centros principales fueron las ciudades de México y Puebla; cuyo nivel no es inferior, ni derivación o apéndice de la pintura europea, ni estuvo alejada de las escuelas y corrientes dominantes en el mundo occidental y que tiene rasgos definidos de originalidad, se detiene en dos “grandes”: Cristóbal de Villalpando y Juan Correa y, posteriormente, en “el pintor de cámara de la Reina celestial”, Miguel Cabrera.

De los “dos grandes”, escribe: “La pintura novohispana llegó a su cúspide con dos artistas insignes: Cristóbal de Villalpando (1649-1714) y Juan Correa (1645-1716). Las catedrales de México y de Puebla de los Ángeles estarían desnudas sin sus impresionantes obras. Si bien ambos realizaron tareas de extraordinaria envergadura y complejidad y los colores destellan en sus resultados, no creo errar al situar a Villalpando, con su inundación de luz y movimiento, en el primer lugar”. Y, a propósito del número uno de estos “grandes”: “la obra magna de este artista, a mi parecer, es La transfiguración y Moisés y la serpiente de bronce, pintada para la catedral poblana en 1683. A pesar de que en apariencia son dos escenas distintas y quizá distantes, no es así: una cartela que porta un ángel en el límite entre las dos partes, expone con claridad el vínculo: ‘Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del Hombre tiene que ser levantado, para que todo el que crea en él tenga vida eterna’". Y, a propósito del “pintor de cámara de la Reina celestial”, afirma: Miguel Cabrera sintonizó con lo más íntimo del alma mexicana: alma mestiza y, por tanto, enriquecida; alma sensible y, por tanto, abierta a la emoción trascendente; alma consciente de una elección y, por tanto, pronta para reconocer su filiación divina”; Sus guadalupanas fueron de tal manera relevantes que una de ellas fue la que motivó la cita del salmo 147--non fecit taliter omni nationi --que se le atribuye al Papa Benedicto XIV cuando en 1754 el padre jesuita Juan Francisco López fue a solicitar que el pontífice autorizara un oficio y misa propios para la fiesta de la Virgen de Guadalupe”.

En cuanto a la literatura “trilingüe”, Manuel comienza resaltando su originalidad: “las letras en la época del virreinato tampoco pueden enfocarse como apéndice o derivación de las que se cultivaron en España la producción literaria es más propia y resultado de una relación fecunda y próspera con el medio” y concluye con un pequeño apéndice dedicado a la “Sor Juana plurilingüe” y, más específicamente, a sus villancicos. Como “botón de muestra”, uno que ahí transcribe y que evidencia un indudable multilingüismo: "Señora Andre María, / ¿por qué a los cielos te vas / y en tu casa Aranzazú / no quieres estar? / ¡Ay, que se va Galdunái, / nere Bizi, guzico Galdunái!... /...Guatzen, Galanta, contigo; / guatzen, nere Lastaná: /que al cielo toda Vizcaya / has de entrar".

Manuel: ¡Contempla el Rostro sin par! ¡Disfruta de la música celeste y de los coros angélicos! Y, sobre todo: ¡Degusta los manjares suculentos y los vinos generosos del Banquete del Reino!

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SOBRE EL AUTOR

Julio Alejo

Periodista de investigación, redactor, fotógrafo y reportero. Productor de contenido multimedia e ingeniero en audio.